viernes, mayo 05, 2006

Elecciones en Afganistán

Pamplona, España
24 de Octubre del 2005
Afganistán. Fraude Electoral y Democracia impuesta.

Se dice que Afganistán ya forma parte de la familia de países democráticos porque vota, lo que asume una premisa tácita que iguala al voto con la democracia, cosa que no es necesariamente correcta.

Después 20 años de guerra, el pasado mes de Octubre del 2005 se realizaron elecciones en Afganistán. No es la primera ocasión que Afganistán experimenta con la democracia, pero si es la primera en que son forzados a tener “elecciones libres”. El acontecimiento se realiza en un contexto de inseguridad y falta de transparencia, desequilibrio y división entre las distintas facciones y sobretodo de un evidente favoritismo por parte de la superpotencia.

Afganistán es considerado como una de las regiones mas pobres de mundo, con una expectativa de vida muy baja y una sociedad acostumbrada a presenciar crímenes y abusos de guerra por varios años y a vivir en una inseguridad que cada día se incrementa, lo que aunado a la dificultad de comunicación y escasa difusión de información puede explicar la poca motivación mostrada ante estas elecciones. La sociedad afgana, compuesta por distintas etnias se encuentra dividida por dos grandes tendencias musulmanes, que son los mahometanos sunnitas y chiítas.[1]

La edad para poder votar es de 18 años, y las personas que pueden votar salieron de un censo ejecutado por la ONU en donde solo contabilizó a un 42% de las mujeres. En total de los 29, 928,987, solo 12 millones de personas están habilitadas para votar, y solo un 50% de éstas lo hicieron.

Entre una de las cuestiones de carácter electoral que la nueva constitución estableció fue la obligación de que las elecciones presidenciales y legislativas sean simultáneas, cosa que no se cumplió, alegando razones de seguridad.

En cuanto a las elecciones presidenciales hubo 18 candidaturas a la primera vuelta, de las cuales solo 4 pertenecen a partidos políticos y el resto a particulares. Los requisitos para aspirar a una candidatura es el depósito de 1000 EUROS (suma muy considerable para el pueblo afgano en general), además de presentar la fotocopia de 10,000 tarjetas de votantes de diferentes regiones. La Comisión Electoral que vela por el cumplimiento de la democracia la integran seis afganos y cinco extranjeros. SE conoce como JEMB por sus siglas en Inglés, y ha habilitado a más de 25 mil colegios electorales en todo Afganistán.

La campaña electoral se distinguió por una competencia desigual entre el candidato preferido de Estados Unidos y el resto, habiendo candidatos que no gastaron ni quinientos dólares, en contraposición del candidato de Estados Unidos que contaba con un cuantioso apoyo económico.
En el escenario electoral se juntaron varias dificultades, los afganos no conocían a los candidatos ya que físicamente no los pudieron ver debido a cuestiones de seguridad, sólo la cuarta parte (que tenían televisión) pudieron acceder a su imagen, y hasta el día anterior de la votación no sabían como realizar el voto. No sabían que tenían que marcar con un bolígrafo a su candidato. Uno de cada 4 afganos cogería por primera vez en su vida un bolígrafo. (Solo 51% de los hombres y 21% de las mujeres saben leer y escribir)

Las condiciones de seguridad no permitieron la presencia suficiente de observadores nacionales ni extranjeros, la jornada de reflexión se caracterizó por la explosión de 20 bombas y un a serie de irregularidades restaron toda legitimidad de éstas elecciones.

Un grupo de 15 candidatos presidenciales se retiraron y pidieron a la comisión cancelar los comicios ante la falta de limpieza y los evidentes fraudes detectados, fraudes que van desde la utilización de tres millones de tarjetas de identidad falsas por parte del candidato y ahora presidente Hamid Karzai (Según Sirat, también candidato a la presidencia), niños de 14 años votando sin ser anotados, la tinta con que se marcan los pulgares desaparecía fácilmente lo que permitía votar varias veces, un ejemplo también es que el embajador norteamericano Zalmai Khalizad fue acusado de injerencia en el proceso electoral, entre otros.

Massuda Jalal, la única mujer entre los aspirantes también se retiró de las elecciones alegando que “éstas no son unas elecciones libres, ni justas” . Otro candidato que se retiró alegó que "Si Estados Unidos quiere imponer a su candidato, que lo haga, pero que no llame a esto unas elecciones justas y democráticas". Las denuncias fueron confirmadas por el mayor grupo de observadores electorales independientes de Afganistán, los cuales aseguraron que dicho problema se ha detectado en Kabul al igual que en todas las provincias.

Estados Unidos se muestra indiferente ante esta situación, tratando de aparentar con el más burdo maquillaje político su triunfo contra el terrorismo, otorgando relevancia al hecho mismo de las elecciones, y restando importancia al modo en como éstas se realizaron.

La nueva democracia afgana, que no quiso conceder un espacio político a los talibanes ni a los socialistas, pero sí a los señores de guerra[2] (aliados de USA en la lucha contra los talibanes) ahora funcionarios de gobierno y enemigos del actual presidente, proyecta un complejo escenario dividido claramente en facciones étnicas, en donde Karzai tendrá que dirigir un gobierno pactado, similar al actual, en donde los intereses de cada señor de guerra se anteponen a los del país.

El futuro de Afganistán es incierto, la violencia y la inseguridad aumentan cada día, el mismo
Karzai es custodiado por mercenarios extranjeros ya que no confía ni en su propia gente. La economía está basada en un 90% en actividades ilegales,(es el primer productor de opio en el mundo) en donde el narcotráfico y la violencia se alimentan recíprocamente. El país sigue ocupado por 30 mil soldados extranjeros y dos tercios del territorio siguen en poder de los caudillos tribales. Un informe de Amnistía Internacional critica que presenten a las elecciones como signo de recuperación del país, si no lo contrario.

El mayor peligro de Afganistán, es que se rompa el ya frágil equilibrio político existente, lo que podría acarrear a su pueblo a una situación aún peor que la de su oscuro pasado.

En verdad no existían las condiciones de seguridad ni de igualdad para realizar unas elecciones limpias y representativas, pero sí existía la necesidad de legalizar y justificar la operación militar que paradójicamente fue bautizada como “Libertad Duradera”. A como dijo un analista, “Tratar de imponer la democracia de esa manera en Afgaistán es como querer curar un cáncer de próstata con una patada en los cojones”.

La foto de Karzai será colocada en la Casa Blanca junto a un letrero que diga misión cumplida, la palabra democracia será pronunciada constantemente por el nuevo gobierno, y para los afganos, el que les hayan hecho fraude es el menor de sus males, afrontan esta nueva aventura con la convicción de que no les puede ir peor.
El Redactor.

[1] Son sunnitas aquellos musulmanes que siguen la sunna, conjunto de costumbres y dichos de Mahoma, y niegan todo derecho al poder a los descendientes de Ali, primo y yerno del Profeta; Los chiitas creen lo contrario, y estas diferencias irreconciliables marcan profundamente la sociedad afgana
[2] A finales de los ochentas, en el país se comenzaron a formar unas especies de feudos controlados por los denominados “señores de guerra”, que basados en el narcotráfico dominan grandes territorios y obligan a gran parte de los campesinos a cultivar el Opio. Muchos de estos señores de guerra tienen potestad sobre la vida de sus súbditos, ejércitos de hasta 100 mil hombres y algunos hasta acuñan su propia moneda.